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Laurent Ballesta
Fotógrafo, investigador y defensor de la conservación de los océanos a través del cine, Laurent utiliza su talento para explorar las profundidades desconocidas y mostrar nuestros océanos desde una nueva perspectiva.
“Bajo la superficie, encuentro un lugar que une mis tres pasiones: los misterios científicos, los retos del buceo y la expresión artística.”
¿Qué es lo que más te gusta del buceo?
Me gusta sentirme como un explorador bajo el agua. Cuando llevo puesto el traje y el equipo, es como lanzarse a lo desconocido, como lo haría un cosmonauta. De hecho, el océano es el último lugar para explorar la vida salvaje, el último continente indómito. También es un gran espacio para la innovación, especialmente en las técnicas de buceo. Durante los últimos 20 años, mi equipo y yo nos hemos entrenado y hemos intentado superar los límites gracias a nuestros rebreathers electrónicos.
Durante las Expediciones Gombessa, afrontamos varios desafíos, como las inmersiones más largas y profundas jamás realizadas en aguas polares, en Tierra Adelia, la Antártida, en 2015, o la inmersión de 24 horas a 20 metros que realicé en Fakarava en 2014. Así, incluso en lugares fáciles y accesibles, pudimos realizar nuevos descubrimientos y obtener nuevas imágenes de la vida marina, como las cacerías de tiburones o el desove de los meros en Fakarava, Polinesia Francesa.
Además, cuando nuestras inmersiones son más profundas, a veces hasta 120 metros, siempre regresamos con datos únicos, como fotografías de especies desconocidas o de especies nunca antes documentadas en su entorno natural.
En el verano de 2019 lanzamos la Expedición Gombessa 5, que consistió en una inmersión de saturación de 28 días a 120 metros en el mar Mediterráneo. Dos años después repetimos la experiencia durante 20 días frente a la costa de Córcega para desvelar el misterio de los anillos. Nunca estaremos más cerca de los exploradores espaciales que viven en una nave, aunque nuestro campo de exploración está lleno de vida. Descubre más sobre los proyectos Gombessa en su canal de YouTube.

¿Cuál es tu pez espiritual y por qué?
Creo que mis peces simbólicos siempre están ligados a una gran experiencia o a un recuerdo importante. Cuando tenía 23 años y acababa de terminar mi máster en biología, descubrí el gobio Andrómeda. Su patrón me sorprendió y varios profesores confirmaron pronto mi intuición: había descubierto una nueva especie para el Mediterráneo occidental.
Sin embargo, el pez que prefiero es aquel que primero fue un sueño antes de convertirse en realidad: el celacanto. No lo encontré por casualidad, sino porque realmente deseaba verlo y trabajé duro para conseguirlo. Ese sueño nació en la universidad. Después de saber que el buceador técnico sudafricano Peter Timm había descubierto un lugar donde encontrarlo, pasaron diez años hasta que mi equipo y yo estuvimos preparados para bucear y trabajar a tanta profundidad en condiciones tan difíciles. La recompensa mereció la espera: el primer día, en la primera inmersión, en el primer minuto en el fondo, a 120 metros de profundidad, me encontré con Gombessa y realicé la primera fotografía fija de esta leyenda viviente.

Inmersión soñada: ¿dónde y con quién (vivo o fallecido)?
Tuve la suerte de compartir algunas inmersiones con Albert Falco antes de que falleciera, y fue un gran honor bucear con el capitán del Calypso, una figura tan importante y respetada del equipo de Jacques Cousteau. Si pudiera bucear con alguien que aún estuviera vivo, disfrutaría mucho de una inmersión con James Cameron, ya que comparte una gran pasión por las profundidades marinas. ¡Quizá yo iría con mi equipo de buceo y él en su submarino!
Más en serio, en 2014, después de realizar las primeras inmersiones nocturnas en Fakarava viendo a los tiburones cazar en grupo, supe que él también había ido a Fakarava apenas unas semanas después que nosotros. Antes de salir de Tahití, compartí nuestra experiencia con un buceador polinesio especialista en tiburones. Cuando Cameron llegó allí, me contaron que mi amigo lo llevó a la misma inmersión nocturna. Ojalá hubiera llegado antes para haber podido mostrarle nuestro descubrimiento.
El buceo ya era tan importante para mí desde muy joven que me habría sentido muy orgulloso de llevar conmigo a mi madre o a mi abuelo, ya que conocían muy poco el mundo que tanto me apasionaba. Por desgracia, el tiempo decidió otra cosa. Creo que ahora me gustaría sobre todo bucear con mis seres queridos que ya no están y, dentro de unos años, con mis dos hijos.