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Rafael Fernandez
Galardonado fotógrafo submarino, Rafael captura la belleza de nuestro patio de juegos acuático.
“Bajo el mar todo está por descubrir y cualquier cosa puede suceder. Para mí, esa es la verdadera aventura.”
¿Cuándo y por qué empezaste a bucear?
Desde que era niño he tenido la suerte de estar en contacto tanto con la fotografía submarina como con el buceo, acompañando a mi padre (también fotógrafo submarino) a lugares increíbles por todo el mundo. Empecé a bucear a los 7 años y, desde que obtuve mi certificación Open Water, nunca he dejado de hacerlo. A los 16 años llevé mi primera cámara bajo el agua y eso cambió mi forma de ver el mundo marino.
¿Cuál es tu pez espiritual y por qué?
He vivido momentos muy intensos con determinadas especies animales que cambiaron mi vida. Entre ellas, los tiburones y los mamíferos marinos han sido los más especiales para mí, desde un punto de vista espiritual. Si tuviera que elegir, mi mayor obsesión son las orcas, sin importar dónde ni cuándo. Cuando están cerca o las veo, pierdo completamente el control. Lo que siento es indescriptible.

¿Qué es lo que más disfrutas del buceo?
Siempre busco historias increíbles que aún son desconocidas o tan maravillosas que solo deseas capturarlas y compartirlas. Lo que realmente me inspira es la búsqueda de esos momentos, animales o lugares especiales que puedan mostrar algo extraordinario o hermoso. Vivir esos momentos con mi cámara, rodeado de todas las increíbles sensaciones que se experimentan al bucear, es simplemente maravilloso.
¿Cómo consigues entusiasmar a quienes no bucean para que aprendan a bucear?
Hay muchas maneras. En mi caso es sencillo porque, a través de mis imágenes, puedo mostrar todas mis experiencias personales de una forma que la gente puede creer y ver con sus propios ojos.
¿La experiencia de buceo más memorable?
Por suerte he vivido varias experiencias de buceo inolvidables. Curiosamente, después de toda una vida practicando buceo con equipo y menos tiempo haciendo apnea, mis momentos más increíbles han sido precisamente en apnea. El más memorable fue bucear en apnea con 15 ballenas jorobadas macho que intentaban aparearse con una hembra.
Cuando los vi acercarse, decidí respirar profundamente y bajar hasta unos 20 m. Estaba allí solo esperando cuando vi pasar a todas las ballenas muy cerca de mí. Nunca me había sentido tan pequeño frente a aquellos enormes animales, en medio del océano, solo, a esa profundidad, conteniendo la respiración y escuchando el canto grave de las ballenas... es difícil de describir.
